Hace entorno a 6 años, que me trasladé a la ciudad para
seguir con mi formación y empezar la universidad. Viniendo de un pueblo ni
demasiado pequeño ni demasiado grande, todo para mí era nuevo, desde el ajetreo
de los viandantes, el claxon ensordecedor de los vehículos, los centros
comerciales abiertos durante la mayor parte del día, hasta la intensa voz de
individuos trasnochadores cuyas voces se cuelan desde el Jueves hasta la
madrugada del Domingo en las paredes de mi habitación. Y..cuántas veces he anhelado,
ese sosiego que se respira mientras intento conciliar el sueño en mi antigua
habitación, únicamente con el ruido de fondo del “cric-cric” emitido por
diminutos grillos, que me trasladan hasta los brazos de Morfeo.
Claro, que he de confesar que no todo son inconvenientes. Es
una ciudad agradable y cautivadora, donde casi siempre, las
distancias entre un lugar y otro no son desmesuradas y además es cercana al
pueblo donde tengo mis raíces, así que me permite volver siempre que quiera o
pueda.
Ciudad en la que resido
A pesar, de ya ser una habitante más de “asfalto”, aún
fantaseo con las ideas que me rondaban la cabeza de jovencita, como soñar con
la tundra ártica, la sabana africana o la llanura asiática.


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