Trás el cristal, caen copos de nieve como algodones caídos del cielo, haciendo del entorno una preciosa postal navideña.
Las ramas de los árboles se visten de invierno, los tejados de las casas dan un toque festivo, esperando la llegada de la Navidad y las calles se cubren con una gran alfombra blanca, sólo perturbada por las ruedas de los vehículos y por las huellas de los caminantes.
El exterior pintado de blanco, conduce a un estado de calma, placidez y reposo. Invita a la lectura, a una buena taza de chocolate caliente o a la grata compañía de familiares o amigos.


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