Sé que estás atormentada, que no te respetan, que no te valoran y que ya la suerte dejó de ser tu compañera.
Nos obséquias con tu sol, tu aire, tu suelo, tu mar, tu fauna y tu flora y hasta con el último de tus suspiros y sin embargo no reclamas nada a cambio, pero enmudeces y tu hermosa tierra se marchita y yerma de amarga melancolía.
Tus hijos; los animales, lloran tu pérdida, tu desaparición y tu ausencia.
Sufren, pero no sólo por ti Madre Tierra sino también por la barbarie humana que los reduce a seres incapaces de amar o sentir.

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