domingo, 30 de marzo de 2014

Oda al viento

Bajo el frío que guarda siempre silencio, el alborotado viento aúlla como un coyote a la luna.

Danza junto a los árboles.

Desordena y esparce todas las hojas secas.

Golpea el agua que serpentea a través de nuestras tierras.

Impulsa las aspas de los molinos.

Juega con un niño, moviendo su cometa.

Ondea la bandera de nuestra patria.

Refresca nuestro rostro y pensamiento.

Y así, tal como vino, se marcha y calla.

Lo que empezó termina y lo que termina empieza.



martes, 25 de marzo de 2014

Un inquilino peludo

No, no es un perro y no, tampoco un gato, es un conejo que decidí tener hará casi cuatro años.
Su nombre es Horus y es de raza Harlequín; cruce entre holandés tricolor y conejo común francés (vamos que bien podría tener doble nacionalidad).

Las orejas y la cabeza están divididas en colores invertidos. Si un lado de la cabeza es oscuro, su oreja será clara y viceversa. Todo su cuerpo se encuentra en sintonía con el beige y el negro, sólo roto por el contraste blanco-nieve de sus patas.



El primer día que llegó a casa, estaba muerto de miedo. Imagino que el trayecto en coche en una cajita con agujeros y el nuevo hogar le desconcertó bastante. Ni siquiera se atrevía a dar varios pasos seguidos y cuando los daba resbalaba torpemente por el suelo, así que enseguida acudía a la alfombra.
Me esforcé por ganarme poco a poco su confianza, usando trocitos de zanahoria para acercarme a él. 
Me aseguré y me sigo asegurando de garantizarle un lugar saludable, con espacio suficiente y alimentación las 24h del día, así como procurar sus horas de juego fuera de  la jaula.

Siempre espera impaciente su salida para recorrer una y otra vez la casa impulsándose  sobre las patas para dar brincos y saltos de alegría. También he de decir, que es muy testarudo y que cuando es hora de volver a la jaula se niega y lo hace saber mordiendo sin cesar los barrotes  y a modo de protesta, hace su particular huelga de hambre tirando la comida, (antes como el comedero era más chiquitito, lo cogía y lo pasaba entre las rejas, cual preso encarcelado).

Es independiente, pero con ganas de afecto y atención, nunca reniega (salvo cuando tiene los cables cruzados) de las suaves caricias en la cabeza y en los mofletes.
También es bastante consentido (¡entono el mea culpa), supongo que el hecho de que viviera lo mejor posible dentro de sus años de vida, me ha hecho ser demasiado permisiva. Pero, lo que le define es su carácter de "leoncito", en cuestión de lo que a un conejo se refiere.
Es sumamente territorial. Repele a los hombres y los ataca lanzando un intento de mordisco al aire (generalmente fallido), eso sí, rara vez lanza ofensiva de frente. Vamos un leoncito pero cobardica.

El hecho es que no se ha acostumbrado a muchas personas e imagino que para él, hago el papel de madre, hermana y compañera y es por eso que le irrita la presencia de alguien que considera contrincante, en lo que él da por sentado que es suyo. Así  empieza su guerra personal contra quien se acerca demasiado a mi.

Ahora, esta en mi cuarto, esperando paciente a que le dedique una mirada, le diga algo o le coja en brazos, sin ser consciente de que le estoy dedicando este post.

Así que..¡¡corto y cambio!!, que ya es hora de subir el escrito y prestarle atención, que pide más que nuestros políticos.

domingo, 16 de marzo de 2014

Madre Tierra

Sé que estás atormentada, que no te respetan, que no te valoran y que ya la suerte dejó de ser tu compañera.
Nos obséquias con tu sol, tu aire, tu suelo, tu mar, tu fauna y tu flora y hasta con el último de tus suspiros y sin embargo no reclamas nada a cambio, pero enmudeces y tu hermosa tierra se marchita y yerma de amarga melancolía.

Tus hijos; los animales, lloran tu pérdida, tu desaparición y tu ausencia.
Sufren, pero no sólo por ti Madre Tierra sino también por la barbarie humana que los reduce a seres incapaces de amar o sentir.

¡Oh Madre Tierra!, exhausta y ya enferma. Adoleces de maldad que es la más absurda elección de los hombres, pues la maldad no es algo sobrehumano, sino algo menos que humano y te rindes ante la más vil indiferencia.





miércoles, 5 de marzo de 2014

Alegrías efímeras

Ese tren que viene cargado de alegrías pasajeras que ocupan un espacio vital en nuestra vida, que van y vienen, que se crean y se destruyen como frágiles pompas de jabón o que se limitan a recorrer con el sigilo de un gato nuestros pensamientos más íntimos.

Adoptan diferentes formas, todas ellas disfrazadas bajo una estela personal y única.

Como la cálida sensación que nos evoca una palabra, una mirada o una acción sincera; el aroma perfumado de las flores silvestres; la brisa templada del verano que acaricia con cuidado el rostro; la placidez de un sueño profundo sin desvelo alguno; o la contemplación del cielo teñido de colores pastel.



Hagamos un idioma universal de lo efímero, recordemos lo fugaz de los instantes de alegría y sellémoslos a fuego para que dejen huella en nuestro recuerdo.