lunes, 13 de abril de 2015

24 horas , 1440 minutos y 86400 segundos

 
El mundo, puede resultar feo y carente de atractivo. Hemos perdido la emoción de la que disfrutábamos en la niñez, y hemos pasado a caracterizarnos de un modo aburrido y frustrado por y para con los demás.
Consecuencia de ello, es el constante goteo de matrimonios malaventurados, familias desestructuradas,  e incluso amistades infelices que nos rodean. Ese regalo en forma de vida,  que se nos dió desde nuestra creación, ha sido roto y abusado. Y, lo que es peor, en algunas ocasiones ni siquiera ha llegado a ser abierto.
Gastamos mucho tiempo en  palabras, gestos y poses de lo que queremos aparentar, y, no de lo que realmente somos. La vida nos resulta cínica. Leemos sobre héroes o heroínas fuertes y valientes que afrontan sin temor el peligro y luchan valientemente por una causa más grande y justa que nosotros. Gastamos horas imaginándonos en escenas épicas, llenas de aventura y lucha, que nos hagan el rato un poco más liviano. Investigamos como estar sanos y fuertes, soñando un cuerpo perfecto y casi inmortal. Gastamos  la mayor parte de nuestros pensamientos en  lamentos sobre lo que podríamos haber hecho y no hicimos. Pegamos los ojos a una pantalla; nos conectamos a Facebook, Instragram o Twitter, o nos dedicamos a ver series o películas online.
Mientras tanto, la vida ahí fuera continua.  Tenemos un blog que espera que un nuevo post sea escrito. Un hermano o hermana para compartir vivencias.  Un novio o novia con el que metafóricamente caminar de la mano hacia una misma dirección y vida. Unos vecinos para tender la mano. Un buen libro para leer. Todas estas ideas se dispersan en mi cerebro, fermentan y se convierten en una inmediata reflexión. Ya es hora, de que nos movamos. De que comencemos a vivir y disfrutar más del tiempo que nos resta en la Tierra. Tenemos el deber de dejar un rastro, una secuela en el camino llena de arrugas e historias.
Comencemos ahora, vivamos “peligrosamente”. Es el tiempo perfecto para comenzar a hacerlo. ¡Quiero desafiarte para que tú también lo hagas!. Tienes días y días para meditar sobre estas palabras. Y cada uno de esos días consiste en: 24 horas , 1440 minutos y 86400 segundos. Conquistate a ti mismo, sé el capitán que dirige su propio catamarán, catalogízate como único e irrepetible y empieza a vivir. Deja de preguntarte todas las mañanas que “haces con tu vida”, “quien te echaría de menos si desaparecieses”, o, “si llegarás a ser alguien o algo en tu existencia”. Ya has tenido demasiadas de esas mañanas.
 Sentimos que no dejamos ningún impacto y en realidad lo estamos dejando momento trás momento. Ganemos perspectiva sobre nuestro ahora.  Dejémonos caer sobre la  cama y sonríamos abiertamente esta noche. Te desafío a hacer esto porque quiero que vivas.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario