El cartel fijado sobre el cristal del autobús llamó poderosamente la atención de un niño, cuya manita no se despegaba del brazo de su madre. No dejaba de sostener la mirada en aquel cartel, con aquel perro rodeado de peluches y con una pinza metálica sobre su cabeza. Se trataba, de aquellas máquinas en las que echas una o varias monedas con la esperanza de conseguir un premio, que siendo habilidoso puedes alcanzar, "pescando" con fortuna y atino el objeto deseado.
Intercambiadas, miradas con su madre, el niño mantuvo, la siguiente conversación:
Hijo: Mamá, ahora, además de juguetes y peluches, se pueden conseguir animales en esas "cosas" de cristal. ¿Porqué no vamos a las ferias y conseguimos uno?..pero mejor con papá, que sabe más de máquinas.
Madre: Cariño, no entiendes bien el cartel. Intenta decirnos que los animales no son peluches..
Hijo: ¡ Pero, yo tengo una tortuga y es de peluche !.
-- La madre soltó una risotada --
Madre: Los animales son seres vivos, como tú y como yo.
Hijo: Eso lo sé. ¿Entonces podemos tener el perrito?.
Madre: A un perro, o a cualquier animal que tengas, hay que darle cariño, mantenerlo limpio, darle bebida y comida y sacarlo a pasear si fuese preciso. Hay que tener tiempo, para que un animal este sano y feliz.
¿A que tus peluches no necesitan todos esos cuidados?.
Hijo: No, a mi peluche, lo dejo en la cama y lo cojo cuando quiero.
Madre: ¿Ahora, entiendes lo que mamá te quiere decir?.
-- El niño abrió sus ojos y engrandó su sonrisa--
Hijo: Sí. Los animalitos, necesitan tiempo y yo no lo tengo porque voy a la escuela todos los días. He decidido, que ya no lo quiero.
Hay 3 cosas, que los niños pueden enseñar a los adultos: A estar siempre contentos sin motivo aparente, a estar siempre ocupados en algo y a exigir con todas sus fuerzas algo.