miércoles, 27 de mayo de 2015

¡ Introvertidos, levantaos !

Parece que las pequeñas cosas que la gente normal puede encontrar fácil de hacer, pueden resultar tareas de enormes proporciones para nosotros los introvertidos.
Por ejemplo; la mayoría de la gente no tiene problema para hablar delante de una gran cantidad de gente, o para desenvolverse con naturalidad delante de personas extrañas.

Aunque, la sociedad dice que la introversión no es mala en sí misma. Sé por experiencia que puede interponerse en el camino hacia nuestras metas, ya que nos paraliza ante lo imprevisible y desconocido.
Sentir miedo no nos hace indignos, ni débiles. Simplemente, nos hace humanos.

Hay momentos en los que uno, se da un codazo así mismo para que haga algo, o para hablar con alguien, y así salir de su "zona de confort".






Yo diría que a veces utilizamos excusas como; "yo no soy una persona extravertida",  "no valgo para esto", "no importa".

Sólo tenemos que calmarnos y tomar 20 segundos de coraje, y mostrar nuestra fortaleza.

Y eso, no quiere decir que nunca habrá situaciones incómodas, o personas difíciles de tratar, o momentos embarazosos. Nosotros tenemos que recordar que esas son parte de la vida, y que todo esta bien.

No te preocupes, porque alguien desde pequeño haya sido más extravertido que tú, o lo siga siendo, porque hable más fuerte, alce más la mano en clase o porque no se bloquee tanto en público como tú.
Que, como bien me dijo hace un tiempo mi hermano :"Generalmente las personas que dicen mucho de todo y a todas horas, no tienen nada que decir en realidad".

Y, recuerda, que grandes personajes de la historia, fueron introvertidos :

-Mahatma Gandhi, un ejemplo de que no son necesarios grandes mítines para mover millones de conciencias.
-Alfred Hitchcock, que disfrazó con su humor su carácter retraído.
-Jorge Luís Borges, que aún con cuarenta años enviaba a un amigo leer  sus discursos.

La disciplina y la resistencia no se desarrollan en una sola experiencia. A veces, pensamos que logramos cosas que valen la pena sin sacrificio.

Pero, por mucho que nos gustaría que las cosas funcionasen de esa manera, no lo hacen. Se necesita fuerza para "construir"  y "diligencia" para mantener.