Hoy, hace una semana que murió Horus.
Recuerdo la primera vez que lo ví. Estaba acurrucado junto a su compañero de habitáculo y dormía profundamente. Sólo se distinguían el uno del otro, por la cara bicolor (negra y beige) que tenía Horus.
Durante estos cuatro años, me proporcionó el mismo gozo que la de a ti lector, pudiera darte un animal más convencional como un perro o un gato.
Sentía alegría expresada a través de sus saltos, sus rodeos alrededor de las piernas o simplemente el marcaje de su barbilla en tu pie, también sentía pena al regresar a su jaula, placer cuando masajeabas su cabeza y a la vez sus mofletes, enfado cuando ya eran demasiados los achuchones o por el contrario, era poca la atención que recibía o incluso experimentaba celos de aquellos que consideraba "rivales".
Me esperaba siempre y me necesitaba. Y, eso de alguna forma, me hacía sentir bien e imprescindible para esa criatura. Yo, también necesitaba de su compañía aunque fuese muda y no humana.
Ahora, entiendo que aunque el final haya sido amargo, a la vez también ha sido dulce. Los buenos recuerdos son y serán un bella estampa de su partida.
